La ampliación arranca por la privada y deja a la pública el salto decisivo
Cataluña pone en marcha un plan a cinco años para aumentar la oferta de Medicina, aliviar la presión sobre una de las titulaciones más tensionadas y reforzar las infraestructuras que sostienen la formación clínica.
El Govern plantea crear 692 plazas nuevas de Medicina hasta el curso 2031-2032. La oferta de nuevo acceso pasaría de 1.333 a 2.025 plazas. El primer empujón llegará ya en 2026-2027 con 195 plazas adicionales, aunque todas estarán en universidades privadas o de oferta ya existente ampliada. La expansión en la red pública empezará después y lo hará de forma gradual.
Un giro en una carrera donde la presión no deja de crecer
La decisión llega en un momento en el que estudiar Medicina se ha convertido en una carrera de fondo incluso antes de entrar en la universidad. La demanda supera con claridad la oferta y la tensión se traslada cada verano a las notas de acceso, a las listas de espera y a miles de familias que saben que unas décimas pueden cambiar por completo el futuro académico de sus hijos.
El plan presentado por la Generalitat busca responder a dos problemas a la vez. Por un lado, la dificultad de acceso a uno de los grados más solicitados del sistema universitario. Por otro, la falta de médicos y la previsión de jubilaciones que lleva tiempo preocupando a las administraciones sanitarias y universitarias. La idea es ensanchar la puerta de entrada sin improvisar el crecimiento, algo especialmente delicado en una titulación que depende de aulas, profesorado, hospitales y plazas de prácticas.
El contexto ayuda a entender la dimensión del anuncio. En la primera asignación de 2025, el grado de Medicina del campus Clínic de la Universitat de Barcelona marcó una nota de corte de 12,850, según los datos oficiales de Universitats. Esa cifra no explica por sí sola toda la dificultad de acceso, pero sí retrata el nivel de competencia que rodea a la carrera. En este escenario, cualquier ampliación de plazas tiene un efecto inmediato sobre la conversación educativa porque toca a estudiantes, familias, orientadores, institutos y universidades.
692 plazas nuevas
Objetivo acumulado para 2031-2032.
195 llegan ya
Primer avance en 2026-2027.
100 millones
Infraestructuras para sostener el crecimiento.
Cómo se repartirá el aumento de plazas
Lo inmediato
El próximo curso se incorporarán 195 plazas nuevas. El reparto previsto sitúa 120 en la Universitat Ramon Llull, 50 en la CEU Abat Oliba y 25 más en la UVic-UCC, que ya ofrecía el grado y ampliará su capacidad.
Lo que viene después
La expansión pública empezará en 2027-2028 con 50 nuevas plazas en Terrassa. A partir de 2028-2029 se prevén 111 plazas adicionales y, en los tres cursos siguientes, 112 más cada año.
Ese calendario deja una lectura política y educativa evidente. El aumento existe, pero no llegará de golpe ni de la misma manera a todo el sistema. La red privada moverá primero el tablero y la pública asumirá el grueso del crecimiento más adelante. Es una secuencia relevante porque la discusión sobre el acceso a Medicina no se limita al número de plazas: también afecta al precio de la matrícula, a la equidad territorial y a la capacidad real de estudiar una carrera larga y exigente sin que el coste se convierta en una barrera añadida.
En ese punto aparece una de las singularidades del plan. La UVic-UCC aplicará una política de préstamos condonables para cubrir el 40% del coste del curso y reducir el abandono a partir de segundo. El dinero no tendrá que devolverse si el estudiante termina la carrera en esa universidad, pero sí en caso de marcharse sin completarla allí. La medida introduce un elemento poco habitual en el debate sobre Medicina: no solo cómo entrar, sino también cómo permanecer.
Qué cambia para estudiantes, familias y universidades
La noticia tiene lectura inmediata para quienes preparan el acceso y también para el sistema universitario, que deberá absorber más alumnado sin deteriorar la calidad docente ni la formación clínica.
- Más opciones de acceso en una carrera históricamente saturada.
- Entrada más rápida en centros privados que en públicos.
- Necesidad de ampliar prácticas hospitalarias y recursos docentes.
- Impacto potencial sobre notas de corte y movilidad estudiantil.
Para el alumnado, el anuncio abre una expectativa clara: más plazas significan más posibilidades de entrar. Pero el matiz es decisivo. En el corto plazo, la mayor apertura se concentra en universidades con estructuras y precios distintos a los de la red pública. Eso obliga a muchas familias a hacer cuentas, comparar itinerarios y valorar si podrán sostener seis años de formación, desplazamientos y prácticas en contextos muy diferentes.
Para las universidades, el desafío no es menor. Medicina no puede crecer como otros grados porque cada ampliación arrastra exigencias materiales y asistenciales. Hacen falta laboratorios, espacios docentes, profesorado estable y, sobre todo, centros sanitarios capaces de asumir la formación práctica. El propio plan prevé acelerar la acreditación de hospitales universitarios y otros dispositivos clínicos para evitar cuellos de botella cuando el volumen de estudiantes empiece a subir de verdad.
La clave de fondo
La ampliación no busca solo rebajar presión en las admisiones. También pretende aumentar el número de futuros médicos formados en Cataluña y acompasar la universidad con las necesidades del sistema de salud en los próximos años.
Terrassa, Reus, Lleida y Barcelona: el mapa del plan
Terrassa será la primera gran pieza pública
El proyecto que aparece más cerca en el calendario es el de Terrassa. La iniciativa había sido impulsada inicialmente por la Universitat Politècnica de Catalunya, pero el nuevo diseño la reconvierte en una propuesta interuniversitaria liderada por la Universitat de Barcelona, con colaboración de la UPC. El cambio responde a una lógica práctica: combinar la fortaleza del campus existente con un entorno acreditado para las prácticas clínicas.
La inversión no se limita a abrir plazas
El plan reserva además 100 millones de euros para infraestructuras vinculadas a Medicina. La mayor partida irá al campus Bellissens de la Universitat Rovira i Virgili en Reus, mientras que también se contemplan actuaciones en el campus de salud de la Universitat de Lleida y en el edificio MIES de la Universitat de Barcelona. No se trata de una cuestión estética ni de expansión inmobiliaria: sin espacios, equipamiento y soporte clínico, el aumento de plazas quedaría en papel mojado.
La ambición final del plan va más allá del acceso de primer curso. La Generalitat calcula que el número total de estudiantes de Medicina en Cataluña, contando desde primero hasta sexto, puede pasar de 8.000 a 12.000 en el horizonte de 2031-2032. Esa imagen resume la escala de lo que se está poniendo en marcha: no es una corrección menor, sino una reconfiguración del tamaño del sistema.
El debate que se abre a partir de ahora
La ampliación de plazas tiene un componente celebratorio evidente para quienes llevan años reclamando más acceso, pero también abre preguntas que acompañarán cada fase del despliegue. La primera es si el crecimiento llegará con suficiente rapidez para aliviar la tensión en las admisiones. La segunda, si la red pública podrá ganar peso sin llegar tarde en una carrera donde el factor económico cuenta. La tercera, si hospitales y universidades serán capaces de crecer al mismo ritmo sin rebajar estándares.
Por eso el anuncio no se agota en una cifra llamativa. Lo que está en juego es cómo se redistribuye una oportunidad académica de enorme valor social en una comunidad donde Medicina concentra aspiración, prestigio y necesidad laboral. Si el calendario se cumple, Cataluña tendrá en cinco años un mapa universitario distinto para una de sus titulaciones más disputadas. Y ese cambio, aunque empiece con 195 plazas, ya ha entrado de lleno en la conversación de miles de estudiantes que miran la selectividad con la carrera marcada desde hace tiempo.









